sábado, 20 de julio de 2013

EL DÍA EN QUE EL CIGARRILLO VOLÓ DE MIS MANOS CON UN OJO ABIERTO Y LOS LABIOS CHUECOS



         Escribe Carlos Amador Marchant


Este es el nuevo camino que busca la gente. Se trata de un camino que nunca observaron, que nunca buscaron. Y sin embargo, entre contradicciones constantes, se dan tropezones con  murallas y salen, a veces, encontrándose a sí mismos.
Me los encuentro, por lo general, manejando taxis colectivos. Primero se presentan como personas comunes. Pero son delatados por las canciones que llevan en la radio y que, escuchan, como extasiados.
De inmediato me percato que son temas de corte religioso, del amor a jehová, de caminos que hay que seguir para formar un mundo nuevo. Y, fundamentalmente, del amor a las eternidades y las estrellas lejanas. Me los he encontrado no sólo acá, sino también en muchas reparticiones públicas y pequeños negocios de abarrotes. Y siempre llevan la música y canciones religiosas a su lado, ya sea en radios o por audífonos. Siempre están ahí. Es como el relajante para poder, junto a ellas, seguir caminando por esta vida que en algún momento casi se les fue de las manos.
Por cierto, no estoy en contra de buscar ayuda para estas patologías que hoy por hoy doblegan al mundo, sólo que a veces es importante tener propia fortaleza para eliminar la podredumbre que llevamos dentro.
Son almitas extrañas. Es cierto que han atravesado el desierto más seco del orbe. Es decir, se han metido en drogas, alcohol, se han paseado por suburbios incontrolables, en fin. En otras palabras: han tocado fondo.
También he visto a hombres caminar con los llamados “pastores” a su lado, esas especies de guardias o guías, aquéllos que los vigilan por si se les ocurre “caer de nuevo” . Son escenas verdaderamente impactantes que, a fin de cuentas, logran recuperar a ciertos individuos que ya se consideraban insalvables.
En el sur austral de Chile (década del 80 del siglo 20) conocí a un hombre de mediana estatura y de ascendencia campesina. Había, según él, destruido su matrimonio por meterse con una mujer de la noche mientras trabajaba de baterista en un burdel. El individuo no era atractivo, pero tocaba la batería como los dioses. Esto mismo le significó mantener locas a las féminas y poco a poco se fue haciendo adicto al alcohol. Su salida del burdel fue debido a que lo sorprendieron haciendo el amor con una prostituta cuyo “dueño” también trabajaba en el sitio. Recibió escandalosa paliza y terminó refugiándose en la cordillera, laborando en una empresa de caminos. Juró no engañar nunca más a su esposa y juró al mismo tiempo dejar de beber. Lo primero lo cumplió tenazmente, pero no pudo dejar el alcohol. Frente a esta situación, después de dos años, lo echaron de la empresa caminera.
Más tarde me lo encontré en la ciudad de Puerto Montt. Iba caminando muy rápido por una de las calles centrales. Llevaba terno y corbata. Me saludó mostrando gruesos dientes y comentó que iba rumbo al puerto para enrolarse como cocinero y viajar por el mundo. Después de esto le perdí la pista.
Los vicios del alcohol, la droga y el cigarrillo, representan cárceles desde cuyos sitios se hace difícil escapar. Por esta razón, hay quienes por considerarse muy débiles frente a esto, buscan ayuda. En otras ocasiones son las atrofias las que hacen recapacitar a los individuos. Es decir, algo tiene que pasarle al ser humano, algo tremendo, algo trágico, para que tome la decisión de dejar para siempre uno de estos tormentos.
.El día 12 de marzo (2013) será para mí una especie de emblema. Lo recuerdo a cada instante y creo que al paso de años será igual. Este fue el momento en que entré en la desesperación total. Se me paralizó una parte del rostro. En los inicios, es decir en los primeros tres días antes de ser llevado a la Posta de Urgencia, sentí que alguien me tiraba las orejas. Era tan persistente esto que, como se cree en Chile, pensé que alguna persona (o varias) me estaba “pelando” (chismoseando). Al segundo día empecé a sentir que se me paralizaba la parte izquierda de la boca. Al paso de horas un ojo comenzaba a cerrarse y al mirarme al espejo me di cuenta que el rostro se estaba desfigurando.
Con todo lo expuesto es de suponer que ya no podía masticar alimentos, porque la boca estaba paralizada y no lograba abrirla completa.
Mi larga experiencia en temas de patologías hacen saber de éstas desde edad temprana. Fui hombre enfermizo en la pubertad, por ser esquivo a alimentaciones requeridas. Iré al grano de inmediato.
Los médicos señalaron que se trataba de un virus (que llevamos todos dentro de nuestro organismo) el cual afloró, precisamente, al sorprenderme con defensas bajas. Con este diagnóstico, dejaban por el suelo el temor de un accidente vascular.
Antes de visitar la Posta, dejé, por temor, de fumar los veinte cigarrillos que consumía al día. Como en esos meses (antes de la parálisis) comía lo que encontraba en el camino, dejé también el “vicio del pan” y las bohemias los fines de semana. Cuando comuniqué esto a los médicos, en mi escaso vocabulario por la tirantez del labio, ellos se alegraron, pero al mismo tiempo sentí que me creyeron poco. En el momento de escribir esta crónica, sin embargo, (debo decirlo con orgullo) llevo exactamente cuatro meses y ocho días “sin estos excesos”.
El virus en cuestión, había atacado las escasas defensas hasta destruirlas. Pesaba quince kilos más del peso normal ¿Pero cómo entró al cuadrilátero el desgraciado?. La respuesta es la siguiente: por encontrarme vulnerable a todo. ¿Pero ese “todo” cómo se produjo?. Por alimentación descontrolada y chatarra, por exceso de cigarrillos y por problemas acumulados en la mente. En cuanto a esto último, había recibido pésimas noticias desde muchos lados, más otras acumuladas al paso de meses.
De la Posta salí con un parche en el ojo y la boca chueca. Así debí caminar por calles sintiendo que muchos observaban y con una lista de medicamentos por comprar.
En las redes sociales muchos dan a conocer estas dolencias y reciben palabras de aliento. En mi caso, guardé silencio profundo y a nadie comuniqué más allá de cinco personas, las más cercanas, al margen de familiares. Conservo fotos horribles de los primeros días. Quise estar alejado de palabras de aliento, aunque seguí escribiendo en Facebook, usando mis manos intactas. Ahora, ya casi el 90 por ciento recuperado, me atrevo a narrar esta aventura.
Dejé de fumar sin que nadie me lo pidiera. Es decir, lo pidió mi sombra, mi yo, regañándose a cada minuto.
Esto originó a la vez que decidiera hacerme exámenes rigurosos en cuerpo y mente. En eso he estado en los últimos días. Los facultativos dijeron que pasarían desde tres semanas hasta seis meses para lograr una recuperación casi total. Es decir, aún falta para esto, pero por lo menos puedo hablar, aunque cuando lo hago me agito y tiendo a emocionarme, a llorar por dentro. Son cosas del virus.
En otras palabras, y como dije anteriormente, al hombre debe sucederle algo muy escabroso para darse cuenta de excesos y dejarlos.
No niego que he sentido deseos de fumar. Pero cuando esto sucede, y como soy sagitario, vienen a mi mente esas imágenes del rostro paralizado, de la fealdad, y que la vida no puede vivirse con dolencias, sino en plenitud y aplausos. Es el momento en que pisoteo las ansias.
Nadie pidió que dejara de fumar, es cierto, pero en mi caso fue decisión de adentro. En calles veo gente con el pucho en la boca y no siento envidia. Cada cual sabe y es dueño de su cuerpo y destino.
Y si bien en algún momento, en alguna hora, todos llegamos al cementerio, o campo santo, o como se le quiera llamar, sentí que aún me faltan muchas cosas por hacer, y para llegar a destino requiero de un automóvil con el motor en buen estado, de lo contrario, quedaré botado en el camino.
¿Pero cómo lo hago para que esto sea duradero o eterno?. Para eso he clavado un asta en la hoja de una agenda con la siguiente leyenda: “Sin fumar desde 12 de marzo de 2013”. Y estas palabras las leo cada vez que se cumple otro mes sin humo.
Amén..




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Comentarios selectos sobre el material de este blog.

Sobre ballenas y un libro Estimado amigo Carlos Amador Marchant: agradezco emocionado la mención que haces de mi novela en tu bella y emocionante crónica. Un fuerte abrazo desde España. Luis Sepúlveda(escritor) 24 de julio de 2010 15:03 ........................................................ Sobre ballenas y un libro Estimado Carlos: Gracias una vez más, por cierto, tu blog es uno de los pocos que merecen llamarse literarios. Es sencillamente muy bueno y tus crónicas son estupendas. ¿Las tienes reunidas en un libro de crónicas? Es un género que se pierde con el tiempo. Un fuerte abrazo desde Gijón, Asturias Luis Sepúlveda (escritor) 26-07-2010 ........................................................ Crónica "Dame de beber con tus zapatos". Luis Sepúlveda (escritor) dijo... Querido amigo, como siempre disfruto y me maravillo con tus crónicas. ¿Para cuando un libro? un abrazo Lucho (Gijón-España) 10 de julio de 2011 15:25 .................................................... Sobre Ballenas y un libro Fuertes imágenes de una historia y una matanza, y de un lugar, que sobrecogen. Con pocos elementos, pero muy contundentes, logras transmitir una sensación de horror y asco que no se olvidan. He estado en Quintay varias veces, y sé lo que se siente al recorrer las ruinas de la factoría; mientras uno se imagina los cientos de ballenas muertas infladas, flotando en la ensenada, en espera del momento de su descuartizamiento, antes de ser hervidas en calderos gigantescos e infernales, para extraer el aceite y el ámbar, tan apetecidos por la industria cosmética en el siglo XX , así como lo fue (el aceite) para el alumbrado callejero en el siglo XIX... Crónica muy bien lograda. Un abrazo. Camilo Taufic Santiago de Chile. 27-07-2010 ........................................................ Sobre "Los caballos y otros animales junto al hombre" Tus asnos, caballos, burros y vacas son otra cosa, por cierto, tan cercanos al hombre, tan del hombre. Te adjunto una vieja fotografía de dos palominos que tomé en las montañas de Apalachia, en Carolina del Norte, allá por el año 1983. Encuentro interesante y muy amena la manera en que hilvanas tus textos, siempre uniendo al tema alguna faceta literaria o cultural (en este caso, Delia del Carril, Virginia Vidal, Nemesio Antúnez, Santos Chavez). Hace tiempo te dije que no desistieras de tus crónicas, que van a quedar, y mis palabras fueron corroboradas recientemente por Lucho Sepúlveda cuando él te escribió a propósito de tu artículo Sobre ballenas y un libro: "Estimado Carlos: (...) Tu blog es uno de los pocos que merecen llamarse literarios. Es sencillamente muy bueno y tus crónicas son estupendas. ¿Las tienes reunida en un libro de crónicas? Es un género que se pierde con el tiempo. Un fuerte abrazo desde Gijón, Asturias. Lucho". Y eso digo yo también, que tus crónicas son estupendas. Te escribe desde Benalmádena, Málaga. Oliver Welden (poeta) 21 de agosto de 2010 ...................................................... Sobre "El corcoveo de los apellidos..." ¡Notable, muy bueno! Escribir sobre la configuración de su nombre, con esa transparencia en el decir es algo que se agradece, precisamente en un pequeño universo donde lo que más pareciera importar es "el nombre". Además, esas referencias a los escritores nortinos siempre son bienvenidas, pareciera que no siempre ellas abundan en la crónica y crítica nacional. Ernesto Guajardo (Valparaíso-15 noviembre-2010)

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